Hace mucho, mucho tiempo, la humanidad se había alejado del amor de Dios. Pero entre tantos corazones, había uno muy fiel al que Dios miró con mucha atención: el corazón de Noé.
Dios le encomendó construir un arca. ¡Un arca que salvaría la vida y la esperanza! Y así fue, junto a su familia comenzó a cumplir con la misión encomendada.
La creación sin música no se puede quedar…Canta, canta, pajarito. Canta, canta tu cantar. Que tu dulce melodía, al arca felicidad traerá.
Entre zumbidos y cantos, ellos, tienen una gran misión: Dar vida, color y movimiento a toda la creación. Aún siendo los más pequeños, los insectos también merecen su lugar, subiendo despacito al arca que los llevará a un nuevo hogar.
Con sus dientes afilados salen a caminar, pasito a pasito, a la laguna se
acercan para una siestita tomar. Moviendo la cola se acercan al arca. Noe los recibe,
y chamameceando los hace pasar.
A lo lejos se ven… se acercan …con pasos serenos, mugidos fuertes y claros. Regalando alegría las vacas suben meneando sus rabos, allí las espera un viaje muuuuy largo.
Un mundo nuevo nos está esperando…
Llovió y llovió sin parar. Pero dentro del arca había fe, familia y amor.
Cuando la lluvia cesó, algo maravilloso en el cielo apareció.
Colores de esperanza, de infinito amor, un gran arcoíris fue la señal de una nueva alianza entre Dios y su Creación.
Se celebra en todo el cielo y en toda la tierra un nuevo comienzo.
El amor se hace carne: ¡El nacimiento de Jesús vino a renovar nuestra esperanza!
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